Dicen que tener dinero no asegura la felicidad pero… ¿qué ocurre con gastarlo?

La psicología lleva, desde mediados del siglo XX, estudiando la felicidad que produce en nosotros gastar dinero. Gastamos en contratar experiencias o en adquirir bienes materiales. Los expertos parecían haber llegado a la conclusión de que comprar experiencias y todo aquello que nos permite desarrollar nuevas habilidades y adquirir conocimientos, ganaban por goleada a la hora de experimentar felicidad y satisfacción.

Un estudio reciente, realizado en Canadá por los profesores de psicología de la British Columbia University, Elizabeth Dunn y Aaron Weidman, asegura que comprar bienes u objetos potencia unos tipos de felicidad muy distinta al hecho de consumir experiencias.

Según estos investigadores existirían tres tipos de felicidad:

  • La felicidad anticipatoria: aquella que experimentamos ante la ilusión de vivir algo bueno, nuevo o deseado.
  • La felicidad momentánea: que se siente en el mismo instante que ocurre algo de nuestro agrado.
  • La felicidad crepuscular: la que persiste en nuestros recuerdos y que vuelve a surgir cuando recordamos lo vivido.

Hasta que se realizó esta investigación  los estudios sobre la felicidad relacionada con las compras y con cómo gastábamos nuestro dinero, se centraban en tan solo dos aspectos: la felicidad anticipatoria y la felicidad crepuscular. La felicidad momentánea se había quedado relegada, ya que tan solo medía el placer que sentimos en el preciso instante de la compra.

A través de este estudio se descubrió que comprar, por ejemplo una prenda de vestir de la que nos hayamos encaprichado, nos aporta una felicidad momentánea que no desaparece cuando la tenemos en el armario, sino que la experimentamos cada vez que la vestimos.

Lo innovador de este estudio es que antes nadie había tenido en cuenta la felicidad momentánea.

Para realizar el experimento que dio lugar a este análisis, entregaron 20 dolares a 65 individuos y les dividieron en dos grupos distintos: quienes debían comprar una experiencia y quienes iban a adquirir un bien material. Tras realizar esas compras, los participantes fueron consultados sobre su experiencia de felicidad percibida.

Quienes adquirieron experiencias sintieron una felicidad momentánea mucho más intensa. Lo curioso del caso es que esta, la felicidad momentánea, era más frecuente en aquellos que adquirieron bienes materiales. La razón: que la volvían a sentir cada vez que utilizaban lo que habían comprado.

“Las compras materiales tienen una ventaja que les ha sido nunca reconocida”, aseguran los investigadores, “ya que proporcionan episodios más frecuentes de felicidad momentánea hasta incluso meses después de que el bien haya sido adquirido”. Como resultado, a la hora de cuantificar la felicidad total, proporcionan en conjunto una mayor sensación de satisfacción.

Queda desterrado ese mito de que “ir de tiendas” solo es una distracción:

ir de tiendas….¡nos hace felices!.

Ahora bien, existe un matiz importante, tal y como apunta la Dra Sonja Lyubomirsky, psicóloga e investigadora de la Universidad de Riverside en California, en su libro ‘Los mitos de la felicidad’. Según esta investigadora nos acostumbramos demasiado rápido a lo bueno, hecho que recibe el nombre de “adaptación hedonista”. Por esa adaptación, cada vez que visitamos nuestro centro comercial favorito nos sentiremos menos ilusionados que lo que supuso realizar nuestra primera visita.

Como conclusión: Por muchos estudios que se realicen, la felicidad es una experiencia totalmente personal que puede llegar, incluso, a depender del instante en el que se viva pero…. si algo está claro, y estoy segura de que estarás de acuerdo conmigo es que ¡a nadie le amarga un dulce!.

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Y tú… en estas fechas.. ¿eres más de regalar experiencias o de regalar objetos?

Me encantará leerte en comentarios.

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