La Empatía se define como la capacidad del ser humano de entender las necesidades, sentimientos y problemas de los demás, o lo que es lo mismo, la capacidad de “ponerse en la piel del otro”.

Cuando desarrollamos la empatía sentimos las emociones de los demás, cuáles son sus sentimientos, cuánto son de fuertes y qué es lo que los provoca: habilidades sociales que nos permiten relacionarnos con los demás, motivarlos, transmitir y manifestar amor, tranquilizarles, inspirarles simpatía y confianza, es por eso que quien tiene empatía, quien es capaz de escuchar a los demás y de entender sus problemas, goza de popularidad y de mayor reconocimiento social. Su empatía les permite comunicar mejor.

Una persona empática es capaz de captar una gran cantidad de información a partir del lenguaje no verbal de su interlocutor, sus palabras, el tono de su voz, su postura, su expresión facial, etc. Y basándose en esa información, puede saber cómo se siente, incluso deducir lo que esa persona puede estar pensando. Si somos capaces de leer las emociones y por tanto, las necesidades de los demás, podremos actuar en consecuencia lo que desembocará en una mejora sustancial de nuestras relaciones personales.

«Las tres cuartas partes de las miserias y malos entendidos en el mundo terminarían si las personas se pusieran en los zapatos de sus adversarios y entendieran su punto de vista»

Mahatma Gandhi

Sentir empatía no significa estar de acuerdo con el otro ni dejar de lado las propias convicciones y hacer nuestras las del otro. Se puede estar en completo desacuerdo con alguien sin por ello dejar de ser empático y respetar su posición, sin juzgarla

Quienes padecen trastornos como el Autismo, Síndrome de Asperger, Alexitimia (personas incapaces de expresar los propios sentimientos y de percibir adecuadamente los de terceros) o los psicópatas (con poca o ninguna consideración por los sentimientos ajenos) no poseen esta capacidad o la tienen muy mermada; por el contrario, aquéllos con personalidad altruista suelen caracterizarse por tenerla muy desarrollada. Es menos frecuente la empatía en hombres que en mujeres, quizás por el hecho de la maternidad, y es mayor entre personas de idéntico sexo, edad o raza. Además es una capacidad que se puede desarrollar y aumentar, resultando más fácil para aquéllos cuyas necesidades afectivas y emocionales han estado cubiertas desde los primeros años de vida.

Recientes investigaciones han demostrado que en el cerebro de los primates existe un tipo de neuronas, llamadas “neuronas espejo” que solamente se activan cuando el mismo acto que realiza un primate lo efectúa otro que es observado por el primero. De igual forma, entre dos humanos se activa la misma área cerebral, haciendo que sintamos una emoción al observar a otra persona en el mismo estado emocional. Este comportamiento está ligado a la empatía, que nos hace capaces de asociar los sentimientos que vemos en los demás a unos determinados gestos, comentarios, expresiones faciales, tonos de voz, tipos de reacciones nuestros que también observamos simultáneamente en los demás.

Si entendiéramos las diferencias entre simpatía y empatía, dos términos que solemos confundir y que sin embargo son muy distintos, sin duda nos comunicaríamos mejor con los demás.

La simpatía es un proceso que nos permite sentir, comprendamos o no, los mismos estados emocionales que siente otra persona. Expresar simpatía significa que conoces del problema del otro y que sientes compasión por él; sentimiento de compasión que pone al otro en una situación de inferioridad respecto a quien observa. Con la empatía se va más allá: el individuo no se limita a sentir compasión sino que hace ver al otro que entiende por lo que está pasando. Eso no lleva implícito ningún tipo de jerarquía, se siente en el mismo nivel, se siente juntos.

La empatía involucra nuestras propias emociones: sentimos en nuestros corazones los sentimientos de los demás, además de comprenderlos con nuestras mentes. Pero además, comprendemos su perspectiva, sus pensamientos, sus deseos y sus creencias. Con la empatía un individuo le transmite a otro que está a su lado, que comparte sus sentimientos y que, además, no se le juzga.

Ante una situación de dolor, entendemos por simpatía que uno “lo siente por la persona” pero no llega a hacer suyo cómo se siente. Por empatía entendemos que uno “lo siente con la persona”. No es lo mismo “sentir por” que “sentir con”: la simpatía sugiere que esa persona que sufre está sola en su dolor mientras que la empatía coloca al observador a su lado en su pesar, acompañándole.

Cuando una persona está sufriendo, lo que realmente necesita oír es: “a mí también me ha pasado”, “opino lo mismo que tú” o “entiendo perfectamente lo que dices”, todas ellas expresiones de empatía, y no la habitual expresión de simpatía: “no sabes cuánto lo siento” que lo único que consigue es hacer sentir al otro que está aún más solo en su dolor.

“La ternura y la amabilidad con los demás no son signos de debilidad o desesperación, sino manifestaciones de fuerza y decisión.”
Kahlil Gibran

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