La psicología moderna trata los desordenes emocionales en general, y más concretamente la depresión. Se pone mucho énfasis en lograr que los pacientes pasen de un estado emocional negativo a un estado neutro, pero apenas se dedica a la búsqueda de la Felicidad, pura y simple. La psicología positiva se centra en analizar y entender qué es la felicidad, además de en elaborar estrategias para conseguir llegar a ese estado emocional positivo.

Las emociones negativas nos limitan  mientras que las positivas nos llevan a un enriquecimiento personal y a ser flexibles en nuestro comportamiento y actitud. Las emociones positivas fomentan nuestra capacidad de resiliencia, ayudando a reponernos antes de las experiencias negativas, lo cual es un seguro contra la depresión. Estudios indican que, de media, los optimistas viven de 8 a 9 años más que los pesimistas.

Con respecto a nuestro pasado, tendemos a pasar más tiempo recreándonos en lo que salió mal que en aquello que fue bien. Si nos limitamos a rememorar lo que salió mal, lo único que conseguimos es aumentar nuestra tristeza y alejarnos de nuestro estado de felicidad,

Otro elemento importante a la hora de acercarse a la Felicidad es  el PERDON, entendido como “el perdón para con uno mismo, no para quien te ofendió“. Las disputas no se resuelven pidiendo disculpas sino asumiendo la parte de responsabilidad que cada uno tuvo en ese conflicto. Quienes son capaces de perdonar sufren menos ira, menos depresión, muestran una actitud menos hostil, por eso, el perdón aumenta nuestra propia felicidad.

Las emociones positivas  son, entre otras, el optimismo, la fe, la esperanza y la confianza. Antiguamente se creía que la depresión era ira que se había vuelto contra uno mismo y por eso los esfuerzos de los terapeutas se orientaban a ensenar a esas personas a despojarse de esa ira pero con ello no se conseguía nada. En la actualidad se considera que la depresión aparece como resultado de la impotencia que nos produce sentir que hagamos lo que hagamos nunca conseguiremos lo que queremos. Aquellos que se consideran pesimistas tienen de 2 a 8 veces más probabilidad de caer en depresión, les pasan más calamidades y tienden a sentir que nada de lo que hacen importa, por tanto no tratan de salvar los escollos y evitar ese tipo de desenlaces.

Uno de los métodos en los que se basan los cardiólogos para pronosticar si un enfermo que ha sufrido un ataque cardiaco va a sobrevivir y reponerse al mismo, no son ni los niveles de colesterol ni la tensión arterial ni el sobrepeso, sino la actitud del paciente. Un alto porcentaje de enfermos que tras un infarto caen en depresión, fallecen antes de 2 años.

El optimismo y el pesimismo influyen directamente en la forma en la que nos comunicamos. Optimistas y pesimistas tienen diferente sensación de permanencia de los malos eventos. Los pesimistas tienden a verlos con carácter permanente: “me salió mal porque soy un inútil”, mientas que los optimistas lo consideran algo temporal, cuya causa puede cambiar: “ha salido mal porque no me esforcé lo suficiente”

Decía Winston Churchill: “Los pesimistas ven dificultades en cada oportunidad mientras que un optimista ve oportunidades en cada dificultad”.La próxima vez que te enfrentes a una situación difícil, aprecia en el problema la oportunidad que se te presenta.

Y Tu.. ¿te consideras una persona pesimista?

Suscríbete a nuestro blog y, además de recibir las actualizaciones, recibirás de forma gratuita nuestro E-book :
«Identifico mi esencia: Un viaje para conocerme mejor»

suscribete

¡Te esperamos!