Muchas personas no expresan sus emociones simplemente por que son reservadas, tímidas o como consecuencia de la educación recibida; pero que no las expresen no significa que no sepan lo que sienten ni cómo describirlo… Quien padece Alexitimia, en cambio, no carece de emociones, simplemente  no entiende lo que siente.

La Alexitimia es un trastorno en la forma de procesar las emociones; es la incapacidad de un sujeto para identificar sus emociones y, por tanto, expresarlas. El individuo no entiende lo que siente ni sabe describirlo.

Entre los años 50 y 60, los psiquiatras Peter E. Sifneos y John C. Nemiah, del Beth Israel Hospital, en Harvard, observaron que muchos de sus pacientes  tenían serias dificultades para hablar de sus emociones, eran rígidos, cuadriculados y no usaban la fantasía. En 1972, Sifneos acuñó el término Alexitimia, del griego A: “falta”; LEXIS: “palabra”, THYMOS: “afecto”, que significa literalmente “ausencia de verbalización de afectos”.

La Alexitimia puede resultar un trastorno curioso, pero está muy extendido entre la población, afectando a una de cada siete personas. Cerca del 8% de los hombres y el 1,8 % de las mujeres son alexitímicos, así como lo padecen el 30 % de las personas con problemas psicológicos y el 85% de quienes padecen autismo.

Se piensa que el origen de ese problema aparece en la infancia: los pequeños, en sus primeros meses de vida, sienten las emociones en su cuerpo mediante sensaciones, sin asociarlas ni a conceptos ni a palabras. A lo largo de su desarrollo, los procesos cerebrales del niño alcanzan la madurez necesaria para descubrir el código común necesario para identificar en sí mismos y en los demás el conjunto de sensaciones  que se despiertan por una emoción.

Los padres desempeñan un papel muy importante en este proceso, ya que son quienes ponen nombre y etiqueta a esas sensaciones, para que el niño aprenda a identificarlas y comunicarlas. Si por alguna razón los padres no le nutren con suficientes indicaciones verbales sobre las emociones que experimenta, sobre qué son, sobre cómo se manifiestan y qué nos quieren decir, el niño puede encontrarse lleno de emociones pero falto del vocabulario necesario para identificarlas. Al no saber ponerles nombre, con el paso del tiempo, se acostumbrará a no referirse a emociones sino a las sensaciones físicas que éstas le hacen sentir.

Quienes padecen Alexitimia muestran una actitud agresiva tanto hacia su entorno como hacia ellos mismos, ya que el hecho de no poder verbalizar sus sentimientos hace que se sientan inútiles y frustrados.

Estos individuos no son conscientes de las expresiones fisiológicas de las emociones o no entienden que éstas están asociadas a emociones. No saben, por ejemplo, relacionar que las palpitaciones que están sintiendo se deben a la ansiedad o que la sensación de nudo en su estomago es una expresión de miedo. Como se sienten vulnerables a las emociones intensas, ya que no entienden qué les esta pasando, sus escasas manifestaciones emocionales tienden a ser explosivas e incontroladas. Al no ser capaces de identificar aquello que sienten físicamente con la emoción asociada, interpretan esas señales físicas como síntomas de enfermedad.

No saber que lo que están sintiendo es una emoción les lleva a no ser capaces de liberarla y se ven atados a ella. Así, por ejemplo, no saben que esa presión que sienten en la garganta es simplemente reflejo de una acusada necesidad de llorar y que la forma de librarse de ese nudo es, precisamente, llorando. Simplemente continúan con la sensación en la garganta, lo cual les bloquea y les limita a la vez que les asusta. Esto les lleva a una propensión a padecer ansiedad crónica.

Otro factor de angustia es su imposibilidad de tomar decisiones basándose en preferencias personales. Al no ser capaces de decidir en función de la emoción que algo le inspira, deciden con la razón o tienden a buscar la opinión de los demás. Por ejemplo, cuando alguien quiere adquirir un vehículo y no es capaz de decidirse a la vista de las prestaciones de distintos modelos, es posible que opte por el que le produzca una sensación más agradable. Por el contrario, quien padece Alexitimia, como no entiende de sensaciones no actuará así y se enfrentará a serios problemas para tomar una decisión.

Las emociones son un elemento muy importante a la hora de tomar decisiones con efectividad ya que determinan nuestras metas sobre la base de lo que nos agrada o desagrada. Muestra de ello y como ejemplo, no es extraño decidirse por no adquirir una vivienda concreta porque nos parezca oscura o porque el ruido elevado del lugar nos produce una emoción desagradable.

Si no somos capaces de reconocer nuestras emociones e interpretarlas, no estaremos utilizando una información muy valiosa. Quien padece Alexitimia basa sus decisiones en razones prácticas, utilizando solo la lógica e ignorando razones sentimentales, de modo que su vida es menos gratificante y placentera; por eso, volviendo al ejemplo anterior, alguien que sufre de este trastorno decidirá comprar esa vivienda oscura y ruidosa porque tiene un buen precio, y una vez instalado empezará a sufrir los efectos nocivos de ese ambiente. Sentirá disgusto, pero no sabrá ni qué es lo que siente ni por qué.

El individuo que padece Alexitimia presenta una serie de rasgos o conductas en su vida diaria que nos informan acerca de la posible existencia ese trastorno:

  • No sabe distinguir con claridad cuando está, por ejemplo, enfadado o triste o siente miedo o ira. Esto mismo le sucede con respecto a las emociones ajenas: no logran diferenciarlas en la voz, los gestos o las expresiones.
  • No sabe expresar lo que siente en su ámbito afectivo, familiar o profesional, le causa muchos problemas en sus relaciones sociales. Siente que algo no va bien pero no sabe a qué se debe.
  • Es excesivamente lógico o poco sentimental o amistoso. Su hablar es monótono y sin matices afectivos. Apenas gesticula ni modula la voz y su actitud corporal es rígida y su semblante inexpresivo. Su personalidad es introvertida, callada y solitaria, llegando a mostrar indiferencia por lo que le rodea, por lo que suelen ser considerado serio, aburrido y distante. En su lenguaje apenas existen referencias abstractas y simbólicas, sino que se limita a describir detalles concretos, sin tono afectivo
  • Está desconectado completamente de su mundo imaginario. Rara vez tiene fantasías ni recuerda soñar. Como tiene dificultad procesando simbolismos, no reacciona a las expresiones artísticas en general. Es una persona carente de curiosidad y para él sólo cuenta el aquí y el ahora, lo concreto.
  • Suele ser muy indeciso. Sus decisiones personales las toma basándose en datos concretos y prácticos, por eso el resultado de la inmensa mayoría de sus decisiones no les resultará gratificante
  • Como tiene dificultad para diferenciar las emociones de las sensaciones corporales que despiertan, padece de alteraciones fisiológicas a las que no encuentra explicación.
  • Vive pendiente del qué dirán en su permanente búsqueda de aceptación. Ajustarse y atenerse a las normas le da seguridad. Suele ser obediente, correcto, disciplinado y metódicos. No aspira a cambiar ni cree que las cosas vayan a cambiar, sintiéndose víctima resignada a lo que le ocurre.

El principal problema es que quienes padecen Alexitimia no son conscientes de ello y observan con perplejidad eso tan extraño que para ellos son las reacciones emocionales de los demás.

¿Has conocido alguien así? Según las estadísticas, seguramente si.

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